
Una vez más, la pasada jornada ha puesto de manifiesto que el fútbol vive anclado en el pasado.
Es inconcebible la forma en que la industria futbolística da la espalda a las nuevas tecnologías y al progreso. En la actualidad, un espectador vietnamita que sigue un partido de la UEFA que se celebra en Sevilla a través de internet cuenta con más recursos para saber lo que ocurre en el campo, que el juez encargado de tomar las decisiones que pueden desequilibrar el choque. Me explico, nuestro amigo el vietnamita contará con un ejército de cámaras que le permitirán ver cada jugada desde todos los ángulos posibles. Tendrá los suficientes medios para saber si fue penalti o fuera de juego... En cambio, el trío arbitral tan solo dispondrá de sus seis ojos para apreciar infímos detalles que se suceden en milésimas de segundos en un ambiente poblado de piernas y de futbolistas vestidos con la misma indumentaria. De su opinión dependerán los títulos y los descensos. En fin, las alegrías y las tristezas de millones de aficionados.
¿Para qué se aplican los adelantos técnicos en el fútbol? La única respuesta es para ganar más dinero. Para ofrecer retransmisiones impecables y para hacer anuncios del tipo de Ronaldinho haciendo una chilena digna de Oliver y Benji en la Catedral de Santiago, filmada desde 200 posiciones diferentes. Para tomar las decisiones importantes ya tenemos al trío de negro y sus seis ojos. Ellos se bastan para juzgar el bien y el mal en un campo de fútbol.
Me escuece cuando veo un partido de tenis y los momentoscontrovertidos en forma de bolas dudosas se ofrecen al público desde una pantalla gigante. Todos se quedan tranquilos, el juez, los jugadores y el público. Todo se resuelve con la mayor eficacia y la mayor celeridad. En cambio las instituciones que rigen el fútbol son incapaces de innovar, de dar un paso adelante, de mejorar lo existente. Es mejor otorgar la presión a los árbitros mientras en los palcos y en las casas, sentados frente a la televisión, sabemos a los pocos segundos si ha acertado o se ha equivocado...
En el tema de la mejora de la competición ocurre exactamente lo mismo. Mientras otros deportes demuestran gran flexibilidad el fútbol presume de una absurda rigidez. Esta temporada la NBA ha cambiado el balón a mitad de temporada porque el impuesto por la organización no gustaba a los jugadores. La ATP ha variado a mitad de camino su plan inicial de cambiar el formato de algunos torneos porque los tenistas no terminaban de apreciar la mejora. En cambio la federación española es incapaz de tomar una sencilla decisión en un aspecto que ahora mismo está en el limbo legal. Me refiero a la obligación moral de los jugadores de parar el partido tirando el balón fuera cuando hay un compañero tendido en el césped. En un principio era un gesto noble, de caballerosidad, pero ha derivado en una trampa que hace un flaco favor al espectáculo ya que los partidos se interrumpen en innumerables ocasiones. No hace falta ser un lince para corrobar que no es una casualidad que cuando un lateral sube y descubre su banda cuenta con un elevado porcentaje de opciones de caer lesionado durante unos segundos. El tiempo justo para parar el contrataque y regresar a la retaguardia. Michel Salgado ha sido uno de los precursores de esta modalidad.
Ayer pasó lo que tenía y debería que ocurrir. El Atlético continuó la jugada cuando el Guille Franco yacía en el suelo por una extraña dolencia y marcó el gol. Luego llegaron los reproches y las venganzas en forma de entradas asesinas. En este sentido y en vista de que a la Federación el juego se la resbala mientras la gallina de los huevos de oro siga funcionando, yo optaría por lo que hace José Luis Mendilibar, técnico del Valladolid. Antes de los partidos avisa al rival y al árbitro de que ellos no van a parar ninguna jugada, a no ser que sea el colegiado el que detenta el partido. Dicho esto y con previo aviso se evitan las confusiones.
En vista de que los que mandan no hacen nada, ahora solo falta de que sean los clubes los que tengan que costear los equipos para que el árbitro cuente con los recursos necesarios para emitir juicios en óptimas condiciones...Tiempo al tiempo...




